domingo, 24 de junio de 2012

-- Extractos de mi Diario Íntimo. II.

13 de Septiembre...
    Anoche soñé que volvía a Manderley. Cosa bastante chocante, porque nunca he estado allí, que yo sepa. No debo ver más películas de Alfred Hitchcock antes de acostarme, al menos hasta que haga una limpieza profunda en el armario empotrado del dormitorio. Demasiado ruído por las noches, en su interior. Demasiados recuerdos, demasiada ropa vieja, demasiadas rebecas de punto. Ahora veo que no debí de disecar al pastor alemán hasta que no muriera del todo. O, quizás, debí de asegurarme con certeza dónde lo guardaba después. Quimeras. ¿Será verdad que nos visitan nuestros muertos mientras dormimos? ¿Será por eso por lo que me faltan latas de cerveza en el frigorífico todas las mañanas? ¿Y el queso curado, de tres cuartos? Nunca lo volví a ver. No puede ser, no puedo creerlo. Dudas.

22 de Octubre...
    Sigo con este maldito resfriado. Los dolores de cabeza llegan a ser insoportables, en especial cuando estornudo de repente sin apartarme lo suficiente de la pared o del marco de una puerta. Y otra vez, al despertar, me ha acometido una nueva crisis de ansiedad, esta vez porque no era capaz de encontrar la babucha del pié izquierdo. Siempre reacciono con idéntica angustia ante situaciones que son cotidianas para el resto de los mortales. Al final, y gracias a mi tabla de ejercicios respiratorios, logré tranquilizarme cuando descubrí que la babucha aparecía mágicamente en la planta de mi pié. He debido dormir con ella puesta, como casi todo el mundo. Me creo siempre tan especial... ¿Debo de cambiar de psiquiatra...? En principio y mientras lo pienso, ignoraré sus preguntas y no le seguiré la conversación cuando me hable. 

2 de Noviembre...
    Mes de los difuntos, noviembre. He vuelto al cementerio, como cada año, a llevar dos ramos garbosos de gardenias, clavellinas frescas y rosas rojas a mi suegra. Como viene siendo habitual, solamente al traspasar la verja del camposanto he recordado que mi suegra aún no ha muerto. 45 euros tirados a la basura. ¿Por qué soy tan despistado? He recordado con pesar a mi difunto hermano. Él sí era despistado y dejado para muchas cosas. ¿O era tacaño? Nunca pagó, con un mínimo de seriedad, las cuotas de su aseguradora. Murió y debía, el muy descarriado, 19 mensualidades atrasadas. La aseguradora sólo pudo incinerarle los brazos y una pierna. El resto nos lo devolvieron en un bonito envoltorio... que nos apresuramos a enviar, correo certificado, a un pueblito de la Amazonia central.

12 de Diciembre...
    Por fin, he hecho acopio de valor y he subido a pedir un aumento de sueldo. Sé que no tenemos demasiado volumen de trabajo, pero también sé que soy un trabajador ejemplar y experimentado en mis labores. Encontré al Jefe sentado en su sillón giratorio, dando vueltas y lanzando granitos de arroz por una pajita, contra no entendí muy bien el qué. Me escuchó con mediana atención, me aseguró que en breve estudiaría mi solicitud y, tras compartir un par de cigarrillos juntos (de mi paquete), le presté 5 euros para fotocopias. Me acompañó a la puerta del despacho y me despidió fraternalmente. No es un mal hombre.

17 de Enero...
    De nuevo he tenido esta noche, ¡Dios...!, lo que ya denomino con familiaridad una de esas pesadillas espaciales. Hace noches, la pesadilla era un simple meteorito que caía a la tierra sobre las cinco de la tarde y que me hacía arder la cabeza y parte del pelo de las piernas. Hoy no. ¿Habrá sido el cambio de pastillas? Esta noche fue una nave con forma de magdalena casera, de la que bajaban cuatro indivíduos con un largo brazo que les nacía del vientre (cosa la mar de incómoda, recuerdo que pensé, si vas en metro y debes de agarrarte a la barra de arriba), y me raptaban y me llevaban a su nave nodriza y me lavaban el pelo con ácido y con champú de oferta. ¿Alopecia? ¿El paso del tiempo? ¿Añoranzas? ¿Miedos?, me pregunta mi psiquiatra mientras me persigue por la consulta.

21 de Febrero...
    Esta semana que entra, me toca de nuevo quedarme con los niños. Desasosiego. Como nunca llegamos en verdad a tener hijos, el Juez que instruyó el divorció dictaminó -con la aquiescencia de los abogados de ambas partes-, que cada uno debería de cuidar del canario y de la gata que habíamos criado, a medias: una semana una de las partes, otra semana la otra parte. Ya tengo la jaula preparada para cuando llegue Curriqui. Alpiste del bueno, lechuga fresca y un columpio de colores que colmará todas sus delicias. A Misifusa, por otro lado, le he cambiado ya el estropajo de aluminio por una verdadera madeja de lana virgen. No se lo esperará, mi gata linda, y en un par de meses volverán a salirle las uñas. No puedo arriesgarme a otra demanda. Dificultades.
   
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-- Extractos de mi Diario Íntimo (I). 
-- La calor en Sevilla.
-- Boda beoda.
   

7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. pero si es mi diario personal... ¡cómo puedes reirte!

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  2. gracias a ti, por hacerme pensar y perderme por tantas calles... Besos.

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  3. A la atención de:
    Sr. de Sevilla

    Esta es la dirección que estuvimos comentando.
    http://www.truco95.com/

    Un saludo

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  4. Gloria Rosa Bermejo21 de abril de 2013, 13:20

    Cuídate ese resfriado, ten en cuenta que los dolores de cabeza que comentas son porque está curándose, ya sabes, cuanto más fuerte sea el dolor, mejor llevarás el resfriado.
    Al psiquiatra seguro que le viene bien esas vueltas alrededor del diván, si es que eres buena persona, que le ayudas a evitar las enfermedades cardiovasculares haciendo un poco de ejercicio
    ¿Tu jefe te pidió 5 euros? ¿Sólo? Qué buena persona es, que sabe que todo el mundo tiene que apretarse el cinturón, ya que fueran todos así...
    Digo yo... ¿no será tu propio despiste el que te lleve a no recordar haber vaciado la nevera? porque suele pasar... pregúntale a tu psiquiatra cuando le invites a hacer ejercicio en la consulta
    Y bueno, te dejo ya y no te entretengo más para que puedas disfrutar de tus "niños", cuida a Curriqui y Misifusa, verás la ilusión que les hace ver sus regalos
    Un abrazo, Jesús, y no hagas caso a los que dicen que estás loco, yo te veo la mar de bien. Nos vemos en el patio en cuanto me quiten la camisa de fuerza

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    Respuestas
    1. Desde luego, cuando la cabeza duele es porque el resfriado está curándose o porque te chocas con un ropero, eso siempre lo he tenido claro.
      Por lo demás, amable amiga, Curriqui y Misifusa se han llevado bien desde el primer momento... creo que congenian bastante y comparten sus juguetes como si se conocieran de toda la vida.
      ¿Qué más decirte?
      Gracias por tu visita y tus comentarios, que me place leer. En cuanto nos dejen salir al patio, te invito a unas migas de ansiolíticos variados.
      Un besote.

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