domingo, 29 de diciembre de 2013

-- Soy Sombra.

¡Quiero ser Sombra...!
 Si existe la Reencarnación y puedo elegir, déjame, Dios, ser Sombra.
 Un poco de blanco, un poco de negro y algo de gris.
Sin color: que lo que quiero yo es ser Sombra.
 La Sombra de quien seré, de quien soy o de quien fuí.
Yo quiero ser Sombra.
 La carne tiene fin, polvo acaba siendo la carne bajo tierra...
 Pero a una Sombra, y cualquiera lo sabe, ¡a una Sombra no se entierra!
 Anda y déjame elegir.
 Que si me dejas quiero ser Sombra.
¡Sombra en una pared, Sombra en la hierba!
 O Sombra que se escurre sobre unas soleadas balsodas...
  La Sombra no se va de aquí. Las Sombras son Eternas.
Las Sombras que en mi vida he dejado, son la más gruesa raíz que ha echado mi persona.
¡Déjame ser Sombra! Toda mi vida han sido Sombras.
El camino que recorro y el camino que recorrí.
El camino donde hoy ando, el camino conque aún me honras...
Si puedo elegir, déjame ser Sombra.
Para que quien quiera saber de mí, no tenga que remover la tierra:
me encuentre sobre la hierba, fijado a una pared...
¡o clavado en unas soleadas baldosas!
 Déjame, por favor, ¡yo quiero ser sombra!

jueves, 19 de diciembre de 2013

-- Los Reyes Magos, existen.

La vida empieza con engaños y acaba en desengaños... Eso dicen y me niego a creerlo.

Ya hoy sé con certeza que sabes quiénes son los Reyes Magos. Aunque no digas nada, aunque finjas no oír o mirar hacia otro lado cuando los anuncios de la tele proclaman a los cuatro vientos (¡qué poco tacto!) lo baratos que valen los juguetes aquí y las facilidades para pagarlos allá.

Es curioso y yo también lo viví. Curioso que seas tú ahora quien pretenda engañarme aparentando que no lo sabes, como si te diera cierta lástima partirme la ilusión de pensar que creo que sigues creyendo en ellos, en los Reyes Magos de Oriente.

Curioso es, que cada año de puntillas y sin respirar penetrara en tu dormitorio a las tantas de la noche para llenar de caramelos tus zapatos. Ssss.... Y ese "ssss..." es ahora el mismo silencio que tú guardas, lo sé, cuando te haces la dormida y me dejas hacer; como no queriendo darme la mala noticia de que sabes que los Reyes somos mamá y yo.

Ahora, te toca fingir a ti, mi vida, mi cielo, mi niña guapa que se hace mayor.

No dejes de creer en Ellos, María Jesús. No dejes de creer en Melchor, Gaspar y Baltasar. Porque no hay nada de falso en ellos. No hay engaño. No hay truco: existen como existen las Ilusiones. Existen como existieron para mí y antes de mí para mis padres y antes de mis padres para mis abuelos. Existen, mi reina.

No digo que sean ellos quienes llenan tu dormitorio de caramelos y el salón de casa de globos y juguetes.

Pero sí puedo asegurarte que son ellos los que guían las manos de tus padres a hacerlo cada año. Y las seguirán guiando año tras año y año tras año, hasta que te convenzas de que verdaderamente existen. De que no te fallan. De que son puntuales, tanto o más que el paso del tiempo y el ir cumpliendo años.

Las Ilusiones se hacen realidad, María Jesús. Tú misma, hace casi trece años, eras una Ilusión en la mente o en los sueños de tus padres: y aquí estás, hecha ya una mozuela a la que no puedo querer más de lo que quiero.

No sé qué mano te trajo, no sé qué dedos dejaron hace casi trece años mis zapatillas repletas con un sólo caramelo: Tú.

Pero sí sé que mi Ilusión se hizo Realidad y que esa Realidad eres hoy Tú.

Cree siempre en tus Reyes Magos, mi vida, sin importarte demasiado quiénes son. Están ahí y ahí siempre los tendrás. La Realidad tiene nombres y apellidos: la Ilusión se basta sola.

Y si este año me oyes tropezar con la puerta cuando vaya a llenar tus zapatos de caramelos, sssssssssssssssssss.... cierra los ojos y piensa que mi larga barba se ha enredado en mis babuchas orientales.

No soy tu padre: soy el instrumento de tus Reyes Magos.

Te quiero.