domingo, 18 de octubre de 2015

-- Histéricas historias o Históricas histerias.


No se puede entender ni pretender saber nada de Historia si no se tiene en cuenta algo tan básico como la Empatía. No se puede juzgar al individuo del siglo XV con los ojos, el entendimiento, las leyes, la moral, la religión e incluso la ética del siglo XXI. Porque sería tan estúpido como castigar a un bebé de dos meses por pegarse un pedete delante de los invitados, o por escupir papillas por la boca.


La Historia de la Humanidad siempre ha sido una secuencia de invasiones y colonizaciones. De cueva a cueva, de aldea a aldea, de ciudad a ciudad y de país a país. ¡Y todavía hoy no dejamos de hacerlo...! Y si mañana descubriéramos vida en Marte o en Plutón, invadiríamos y colonizaríamos ó nos invadirían o colonizarían ellos. Mas dentro de 500 o 600 años, volveríamos todos a estar sometidos a Juicio de unos indivíduos que tampoco tendrían derecho a juzgarnos: porque ni sus ojos, ni su entendimiento, ni sus leyes, ni su moral, ni su religión ni incluso su ética se parecerían en nada a lo Nuestro.

¿Genocidio español en América? Si existe la palabra ( y si no, sobre la marcha, la invento), más adecuada sería la de autogenocidio. Me extraña mucho que Hernán Cortés y un ejército de poco menos de 400 hombres (más tarde llegaron a ser 1200) - y cuyos nombres y apellidos pueden consultarse en el Archivo General de Indias de Sevilla-; me extraña mucho, digo, que un millar de hombres pudiera subyugar a todo un Imperio Mexica que con sus adláteres, vasallos y aliados sobrepasaba con holgura entre los 4 y los 20 millones de habitantes (las cifras, a día de hoy, siguen dependiendo del historiador de turno). Habitantes los mexicas, por cierto, a los cuales se educaba desde los ocho años para la guerra. Claro que es fácil obviar (o simplemente es lastimoso ignorar) que ya entre Aztecas y Tlacaltecas se estaban masacrando y dando de cuchilladas de obsidiana y mordiscos muy panchamente antes de que los españoles llegaran. Porque España (aunque alguno se lo crea) no llegó precisamente a esa América que nos cantaba Nino Bravo: feliz, adormecida, paradisíaca y sosegada, donde los nativos vendían batidos de coco y las nativas danzaban con una piña colada por las orillas de la playa...

["Ni Hernán Cortés ni Colón, ni ningún otro conquistador, llegaron a un mundo de gente inocente: estático, eterno y pacífico"]

España no arribó a un continente mojigato, paleto, tonto ni analfabeto, que es lo que quieren hacernos creer los "sabios" del Gran Genocidio. España arribó a un Continente con sus reyes, con sus reyezuelos, con sus ministrables, con sus jerarquías, con sus religiones, con sus status sociales, con sus pirámides de poder, con sus luchas internas, con sus guerras, con sus conquistas y con su sed de Poder.

["Los mexicas eran un pueblo guerrero, y su propio Imperio se formó gracias a sus conquistas militares"]

Si el español pensaba que engañaba al nativo cambiándole espejos y tijeras por granos de oro, era el nativo a la vez quien pensaba que el tonto era el español, que le ofrecía originales y desconocidos "souvenirs" a cambio de algo que para ellos no eran sino guijarros carentes de valor (su moneda eran las semillas de cacao)... Es como cualquier clase de timo, donde no se sabe si el más condenable es el timador que se hace pasar por tonto o el timado que quiere aprovecharse del tonto incauto.

["Los españoles eran, por supuesto, conquistadores; como lo fueron en su día vikingos, godos, romanos, árabes, griegos, macedonios, persas- y después- ingleses, holandeses, franceses, alemanes y rusos. Y al igual que todos esos guerreros, llevaban consigo SUS IDEALES"]

¡Claro que sí...! ¿O acaso se le ocurre a alguna mente medianamente amueblada pensar que el Imperio Romano -cuyos herederos más directos somos nosotros- no hubo antes de pasar sobre celtíberos, lusitanos, astures o cántabros? ¿Quiere alguien reivindicar por eso sus raíces celtíberas? ¿De veras? ¿Nos volvemos por eso al monte a cenar jabalíes y bellotas? ¿Despeñamos por eso a los condenados a muerte desde una roca? ¿Abandonamos y colocamos a nuestros enfermos al lado de un camino, hasta que perezcan o hasta que pase alguien que conozca algo de su enfermedad? ¡Oh, sí...! Volvamos a las raíces que nos robaron, con alegría y despotricando de Roma, la invasora, la colonizadora, la genocida, la masacradora.... ¡bellotas para todos! ¡Somos celtíberos...! ¡Recuperemos nuestras raíces! Quizás en algún pueblito de España, aún quede un celtíbero al que catalogar como especie protegida.

¿Conquista? ¿Invasión? ¿Genocidio? ¿Masacre? ¿Violencia? ¿Sangre?

["Los europeos del siglo XVI no sabían nada de las ideas que tornan tímidas y vacilantes nuestras opiniones sobre la Justicia: las dudas acerca de la responsabilidad de un criminal, la convicción de que la sociedad es cómplice del criminal, el deseo de reformar en vez de infligir dolor....; estas nociones, no existían ni entre los castellanos ni entre los nativos de América"]

["En aquella época, los españoles no podían haberse comportado de otro modo"]

Como dije al principio, no se puede pretender entender la Historia si no somos capaces de trasplantarnos al pasado. De meternos en la piel de quienes la vivieron en primera fila. Porque si no tenemos esa capacidad de empatizar, solamente aprenderemos de la Historia nombres, batallas y fechas: pero no aprehenderemos nunca su esencia, no sabremos nada de sus protagonistas, de lo que sentían y de por qué lo sentían, del Mundo que les tocó vivir... sin elegirlo.

Y para todos aquellos indispuestos con una Historia de España que no logran entender, para todos aquellos justicieros de tebeo, para todos aquellos "liprepensadores" que se apuntan a la moda fácil de vituperar a España llegando al punto de ponerle etiquetas de Buenos o de Malos a sus mismísimos ancestros... para todos estos españolitos que al mundo han venido y que al mundo han de venir (aunque estén viniendo últimamente prefabricados e incluso programados), para todos ellos, que son amantes de frases sueltas que otros les extraemos de los libros que leemos, para todos ellos o para todos nosotros:

"España es el país más fuerte del mundo. Los españoles llevan siglos intentando destruirla y todavía no lo han conseguido".



martes, 15 de septiembre de 2015

-- Fin de verano para una Princesa.

Mañana, mi vida, comienzas el nuevo curso. Discúlpame si te he acompañado a la cama como si aún fueras una cría pequeña, como si pensara yo que mis besos en tu cara o mis caricias en tu frente pudieran hacerte olvidar estos buenos días de vacaciones que hemos pasado juntos.


Pensaba poner hoy, como es de recibo, una discreta e insólita selección de los 896 incomparables paisajes y puestas de sol que hemos fotografiado durante nuestra andadura veraniega...


Pero mira, mi cielo. He llegado a una conclusión. Para paisaje, Tú. Para puesta de sol, Tú. Para cielo, Tú y solamente Tú.


Para recordar el verano, Tú. Para dejar constancia de cómo la felicidad puntualmente nos roza, Tú. Para transmitir lo que es la paz, el sosiego o el merecido descanso: Tú.


Tú me bastas para demostrar al mundo entero que mis vacaciones son las mejores. Tú me bastas para tener una puesta de sol hecha a mi medida todas las mañanas, cada vez que abres tus ojos. Tú, mi niña linda, mi mujercita guapa y contestona, tú te sobras para llenar por ti misma cualquier expositor de postales de cualquier rincón perdido donde hayamos podido veranear.


Tú, mi princesa, me cambias el tiempo cuando quieres. Me sacas primaveras de un otoño. Me haces de un invierno mil veranos. ¿Y sabes por qué...? Porque hasta las veletas de las torres se giran, se dan la vuelta y nos señalan cuando vamos juntos de la mano.


No puedo quererte más, vida mía.



 

jueves, 27 de agosto de 2015

-- Tapas de Septiembre.

     Abril y la llovizna. Mayo y las flores. Diciembre y la Navidad...
     Septiembre y los fascículos coleccionables, ¡ah!
    
     Septiembre es un encarruchador de almas distraídas. Septiembre es un reciclador de arrobamientos y catalepsias estivales. Septiembre nos sacude de la tumbona playera y nos instala en la rutina llevadera.
    
     Septiembre cuenta con la ayuda del temprano oscurecimiento celestial para recordarnos que casi nada pasa, que todo queda y que lo nuestro es guardar. Retener. Almacenar.
    
     ¡Coleccionar!
    
     Conque bienvenido, amigo, tómese con calma sus monotonías y preste oído fino a las novedades que el otoño nos trae y que ya nos anuncian por televisión.
    
     Ojo al dato.
    
     Oferta de lanzamiento. Por 2 euros, las tapas, seis mapas, una bala, dos granadas de humo, una medalla del Regimiento de Regulares y los fascículos uno y dos y tres de...¡sííí!, la Versión Corregida de la Versión Definitiva de la Guerra Civil Española.
    
     Pero eso no es nada.
    
     Por tres estupidísimos euros, puede llevarse a casa un martillo, una lima de carpintero, dos brocas del 14, medio quilo de puntillas de acero, un tablón de madera de alcornoque y las tapas y las dos primeras entregas de El Bricolage es La Leche, y pasará a tomar parte en el sorteo de quince completísimos botiquines de urgencia.
    
     ¿Pero no ve usted la televisión? ¿Zapea de los anuncios? ¿Orina en los minutos de publicidad?
    
     No se preocupe, amigo, porque su periódico de toda la vida piensa reconocer a sus lectores con un obsequio que hará las delicias de toda la familia.
    
     Tráigase la agenda y anote, anote.
    
     Lunes y martes, la Gran Enciclopedia del Saber Total, con miles de apéndices sobre Todo lo que Ignoro Por Ahora.
    
     Los jueves, Tradiciones, Danzas  y Postres Fríos del Pueblo Maya.
    
     Sábados que sean pares, el Feriante Paso a Paso ó Cómo Sobrevivir A Una Resaca de Rebujito Sin Que Me Despidan del Trabajo el Lunes.
    
     Viernes de fin de mes, El Tenor en Casa, en treinta rápidas y prácticas lecciones que harán las delicias y causarán el asombro de su familia, sus vecinos y buena parte de la población de su distrito.
    
     Martes festivos, la Guía Práctica para Aprender a Bailar el Can-Cán sin levantarse del sillón.
    
     Miércoles y domingos, Neurocirugía Para Todos, un completo manual para entender nuestras emociones y los impulsos que las regulan; y con la primera entrega, un rollo de esparadrapo y dos hojas de sierra afiladas al carbono, para que empiece a practicar con su familia desde el primer día.
    
     En Semana Santa, por descontado, Top Rank de Crucificados Actualizado al Día, acompañado de un completo kit de montaje con el que podrá fabricarse su propio palco para ver las cofradías en la puerta de la Catedral o del Ayuntamiento, en primera fila.
    
     No pretenda huír, porque no lo conseguirá.
    
     El otoño, ¿no lo huelen ya?, es un tiempo conciliador.
    
     Y lo que por un lado nos escamotea, por el otro y en fascículos nos lo endiña.
    
     Después, a las alturas de mayo, usted no cabe en casa. Hay fascículos en los pasillos, ficheros bajo las camas, desplegables en los estantes del cuarto de baño... y las únicas tapas que salen de la cocina, son de cartoné plastificado..., pero esa es otra historia.
    
     Una historia cuyo final feliz sería: El Encuadernador en Casa...
    
     O: Hágase Su Propia Hoguera en La Noche de San Juan, sin salir de casa.
    

Quizás también le interese:

miércoles, 3 de junio de 2015

-- Cómo se responde a un hijo.

     Es lo que más quiero del mundo, y que el resto del mundo me perdone.


     Ha llegado del colegio, me ha besado, ha aparcado la mochila en un rincón con solamente una patada, se ha cambiado, se ha lavado las manitas y se ha sentado en un extremo del sofá.


     No ha puesto la tele. Yo en un extremo del sofá y ella en el otro.


     Ha ido deslizando su culete sobre los cojines, hasta arrimarse contra mi cuerpo. Me ha cogido la mano. Me ha mirado. He pensado, "¡ay, ay...!"


     Y efectivamente. Estaba escrito. Hoy era el día...


-- Papá.


-- Mi cielo.


-- Papá. A ver. ¿Los Reyes existen o no?


     Confieso que me pilló leyendo el periódico, con lo que en principio respondí:


-- Pues claro, mi cielo. Existen. Se caen, se operan, cazan elefantes, se operan, tropiezan, se operan, estrenan muletas con claxon incorporado, se operan, chocan con los abetos de palacio, se...


-- ¡Papá! ¡Los Reyes Magooooosss....! ¡Digo los Reyes Magos!


     Hoy era el día, ya lo he dicho. Ese día que sabemos que llega tarde o temprano, pero llega.


     Dejé el periódico a un lado, respiré hondo, encendí un cigarrillo y me dispuse a enfrentarme a lo inevitable con la entereza que me caracteriza.


-- ¡Cariño...!


     Pero mi santa esposa estaba en la cocina. Siempre desaparecen cuando más se las necesita. Almorzar, al fin y al cabo, se puede almorzar a otra hora, pero...


-- Es que dicen mis amigas que los reyes sois los padres. Y yo creo que es verdad. Es que no puedo creerme que... Bueno, dime... Papá...


-- ¿Y vas a creer a tus amigas antes que a mí? -la sonrío.


-- Es que ya el año pasado te oí a las cinco de la madrugada gritándole a mamá que dónde había que ponerle las pilas al Nenuco Cagoncete... No os dije nada para no disgustaros, papá.


-- Bien, bien, mi reina. Bien. ¿Nenuco Cagoncete...? Sí. Ya. El año pasado... Sí. Bien. Bueno. Los Reyes Magos... Tal y como la tradición o la cultura cristiana explican que...


-- ¡Papá! ¡Que sois vosotros, los padres! ¡Ya está! Si yo ya lo suponía...


-- Sí, pero no quiero que pienses que... En fin... Se dice los Reyes pero en verdad... ¿Nenuco Cagoncete era? Bueno... Bien...


-- Vale, papá.


-- Pues eso, cielo, lo que te he explicado. ¿Te pongo la tele?


-- No. Quiero hacerte otra pregunta, papá.


-- ¡Cariño...!


     No entiendo que haya que encerrarse en la cocina para cocinar, la verdad. No me explico que...


-- ¿Entonces Dios tampoco existe?


-- Bueno... Dios, Dios... Tú te refieres a Dios. Bueno. Dios es... ¡Dios! Dios es Dios. Que no existan los Reyes o que tú -¡porque lo has dicho tú y tu pandilla de amigas!- nieguen la existencia de los Reyes Magos, no significa que Dios... Dios... Vamos, que Dios existe. ¿O es que no puede existir tampoco? ¡Claro! ¡Vais de listillas... tú y esa amiga de las trenzas que tiene un padre con cara de tomate! Pues Dios existe.


-- Pero yo nunca lo he visto.


-- ¡Jaja! ¿Es que tiene que bajar Dios también a ponerle pilas al Nenuco Cagoncete para demostrarte que existe? ¡Eh? ¡Eh? Ya se las ponen los... Se las pongo yo. Dios existe y punto. No se ve. No se nota. No se siente. Es como ...


-- ¿Como una compresa?


-- ¡Dios...! ¿Pero ya tú...? ¡Cariño! ¡Cariño!


-- Mamá está en la cocina, papi.


-- ¡Exactamente! ¡Pero que esté en la cocina no significa que no me escuche! ¡Cariño...!


-- Vale, papá. Te he entendido. Quieres decirme que es como Dios... No se ve, pero se sabe que está ahí. No te oye, pero puedes llamarle, ¿no?


-- ¡O gritarle! ¡Cariño...! ¡Puedes gritarle y no te contesta pero sabes que está ahí! ¡Cariño! ¡En la cocina!


-- En el cielo, ¿no?


-- ¡En la cocina! ¡En el cielo...! Dios está en el cielo si... ¡Cariño...!


-- Papá. Papá. Que ya te he entendido.


-- Pues eso... Lo que te estoy explicando. ¿Te has lavado las manos?


-- Yo ya me di cuenta sola de que el Ratón Pérez no existía. De que mamá me dejaba un regalo debajo de la almohada cuando yo...


-- ¡Hemos estado en casa del Ratón Pérez! ¡En Madrid! ¡Lo has visto con tus propios ojos! ¿Cómo me dices ahora que...?


-- ¿Te estás enfadando, papá?


-- ¡No!


-- Y entonces por qué...


-- ¡Cariño! ¡Cariñooo...!


-- Está en la cocina, papá.


-- Sí, sí... Bien. Los Reyes Magos... Nenuco Cagoncete. Dios... Compresas. Ratón Pérez... Hace pocos siglos que quemaban por herejes a gente como tú, mi niña. Bueno. Ya vale, ¿no?


-- Y cuando la abuela me decía que la cigüeña traía...


-- Para nada. Pura relación sexual.


-- Ya. Lo de los genitales y los espermatozoides y los óvulos y...


-- ¡Cariñoooo...!


-- ¿Sabes que solamente un espermatozoide de entre cientos de millones...?


-- ¡Cariño...!


    Pero en ese momento me vuelvo y la cojo de la mano y la miro a los ojos.


-- ¿Qué dices, niña? ¿Qué me hablas? ¿Que solamente uno...?


-- Solamente uno llega a fecundar el óvulo, papá.


-- ¡Venga ya!


-- ¡Sí...! ¡Lo dimos el año pasado!


-- Pero.... ¿y los demás? ¿Y...? ¿Cómo...?


-- ¡Mamá....!


-- ¡No te escucha! ¡Mamá está en la cocina! ¡¿Cómo quieres que te escuche?! Pero dime. ¿Quieres hacerme creer que de cientos de millones de espermatozoides solamente uno fecun... fecunda...el óvulo?


-- Exactamente.


-- Espera, espera. Entonces me estás diciendo que...


-- ¡Mamá....!


-- ¡Quiero saber la verdad!


-- ¡Mamá...!


-- ¡Está en la cocina! ¡No te oye! ¡Exactamente igual que si fuera un  espermatozoide de esos que no...!


-- ¡Mamá...! ¡Papá no me dejaaaa! ¡Mamiii...!


     No me lo podía creer. Cientos de millones de espermatozoides pugnando por un mismo objetivo. Y yo que creía que era solamente uno. O dos, a lo sumo. O sea, que cualquiera de ellos... O sea, que el único que alcanzó la meta... O sea, que los restantes... ¿Y si yo no...? ¿Y si el esperma que me dio forma no hubiera llegado a... ? Entonces yo...


     De pronto sentí que la vista se me nublaba. Me entró un vértigo grande por el cuerpo. Y antes de desmayarme, aborrecí a mis padres que me criaron entre mentiras y cuentos, sin explicarme nunca nada, entre fábulas y nanas de ensueño, dándome a entender que me esperaban exactamente a Mí.


-- Se ha desmayado de pronto, mami -escuché la voz de mi hija, muy lejana.


-- ¿De pronto?


-- Le dije que los Reyes Magos no existen.


-- Ay, mi cielo. Déjalo estar. Cuando despierte, ni se te ocurra decirle que la mula y el buey tampoco anduvieron por allí. Tu padre se impresiona por nada.
 
    
 
    
 
    

jueves, 9 de abril de 2015

-- Meditaciones sobre Educación.

¿La letra con sangre entra? ¿Debe pegársele a los alumnos?, son dudas que a veces se plantearon psicoanalistas, profesores o algún miembro del Senado. Mi respuesta es: ¡N0! ¡Nunca!
 
  Debe azotarse solamente a los padres, una vez y otra en sesiones más o menos espaciadas, hasta que sean capaces de inculcar en sus hijos el hábito de la Buena Educación, puntal básico e ingénito de todo conocimiento. La ley prohíbe castigar físicamente a los menores, pero nada dice explícitamente sobre azotar a los padres. La ley pena al profesor nulo, pero no pena a los padres incompetentes. Un guantazo a tiempo es siempre efectivo, y si se aplica a individuos mayores de edad que son además padres irresponsables, no deja secuelas dignas de tener en cuenta y sí que mucho rendimiento.

   La Educación debe de enseñarse en una mesa de comedor. La Educación no precisa de escuadras ni tablas de logaritmos. La Educación no se retiene memorizando conscientemente nada: la única manera de enseñar Educación es siendo educados. Hay gente maleducada que haciéndose padres se hacen propagadores letales de la mala educación... Un hijo maleducado no está en condiciones de aprender, porque obviará siempre lo más importante: escuchar.
 
  Por tanto, y para devolver al profesorado al escalafón que nunca debió abandonar, retomemos el uso de las buenas palmetas de madera de roble y los elocuentes tirones de patillas: pero a los progenitores incompetentes. Cuando el hijo vuelva a casa y encuentre a papá o a mamá llorosos con una manopla mojada en el cogote, quizás aprenda a valorar más el sacrificio que los papás y las mamás hacen por ellos, en aras de La Buena Educación.

jueves, 29 de enero de 2015

-- Justicia.




Somos de la misma edad pero él acopió canas desde los veinticinco; dicen que es cosa de genética en muchos casos, a saber.


Él con treinta, ya tenía la cabeza totalmente gris, lo que le daba un toque bragado y atractivo del que siempre fue consciente.


Gran trabajador, persona de confianza, íntegro y juicioso.


Ahora, rozando los cincuenta, había cambiado poco.


Y por tanto, no fueron sus canas lo que me sorprendieron al verlo de nuevo. O no sus canas de la cabeza, por mejor decir. Era la barba. Era su barba blanca... porque siempre fue un maniático en eso del afeitarse diariamente. Y ahora, por vez primera en tantos años de amistad, era la primera vez que lo veía con barbas, espesas barbas, luenga barba; blancas barbas... desmadejadas y observé que amarillentas en la zona que le enmarcaba la boca.


Volvía a fumar.


-- Jesús, Jesús... mi buen Jesús -susurró, sonriendo.


Arrimé la silla hasta lo que me permitía el cristal que nos separaba.


-- En dos meses, Juanca, vas a salir de aquí -le dije, desplegando una banderola de optimismo.


Asintió con la cabeza y me sonrió. Asintió repetidas veces. Lo que yo pensaba era una gran noticia, a él no le hizo más que asentir y sonreírme.


-- Siempre has escrito bien -me dijo-. ¿Cómo fué lo que dijiste de ella... ya sabes, cuando nació? No. No me lo digas. Lo recuerdo perfectamente yo: "unos ojos tan negros, que nunca se sabe con certeza hacia dónde miran".


No respondí y él permaneció callado unos instantes. Mirando hacia abajo y sin dejar de asentir ni de sonreír.


Sus ojos, también, eran negros, negros. Genética, dicen.


-- En dos meses sales, Juanca -le repetì-. Todo trámites, todo papeleos. Ha quedado claro que te lo encontraste y que...


-- ¡Una mierda! -soltó y me miró-. Una mierda, Jesús. Tú sabes que no me lo encontré. Tú sabes de sobras que en cuanto supe que lo soltaban me fuí a por él.


-- Yo lo sé, yo lo sé -y acerqué más mis labios al cristal, a la par que bajaba la voz-. ¡Yo lo sé, cabezón! Pero a estos bichos hay que decirles que os encontrásteis casualmente y...


-- Sus ojos, mi niña. Sus ojos tan negros, sus ojos tan negros que nunca se sabía con certeza hacia dónde miraban.


Ahora fué él quien acercó sus labios al cristal, por el otro lado:


-- No me lo encontré, Jesús. ¡Tú sabes de sobras cómo soy! Tú me conoces. ¡No me lo encontré! Díselo al fiscal, al juez, a la prensa, a la familia, a tu esposa, a tu hija o a quien tengas que sentirte obligado, ¡de corazón!, a decirles la verdad. ¡Que no me lo encontré! ¡Que lo busqué yo! Que lo busqué como un viejo lobo, tarde tras tarde y noche tras noche, siguiendo un rastro de sangre. Que la sangre de mi niña estaba fresca en mi nariz. ¡Que lo busqué yo! ¡Dilo, maldita sea...! ¡No sigas el juego tú también! ¡Dilo! ¡Dilo! Dí que me notificaron que no había pruebas suficientes. ¡Dí que el cadáver de mi niña apareció maniatado, vejado y desnudo y roto, como una muñeca vieja, como una nancy de ésas que te encuentras en un contenedor de la basura! Dí, Jesús... ¡Dí todo esto! ¡Para qué leches escribes tan bien, coño!


Miré hacia otro lado, pero simplemente por tragar saliva.


-- ¡Mírame! Dí que no tuve valor para ir a reconocer su cuerpo... Que sus ojos eran tan negros... Tan negros que nunca se sabía con certeza hacia dónde miraban. Fué su madre la que entró. Fué su madre y fuiste tú quienes la pudísteis identificar... Yo siempre he sido un cobarde...


-- Juanca...


-- Pero un cobarde que apecha con sus actos. ¡No me lo encontré, Jesús! ¡Lo busqué yo! Lo busqué en cuanto supe, ¡por la tele, macho, por la tele!, que lo dejaban libre por falta...


-- Me lo has contado mil veces, ¡vale!


-- Como un lobo, macho, como un lobo con la sangre de mi niña en los labios. Husmeando. Siguiendo el rastro. Preguntando. Inquiriendo. Metiendo los hocicos en mil madrigueras. Afeitado y pulcro unos días. Maloliente y desastrado, algunas noches. Pero oliendo. Oliendo. Acercándome...


-- Juan Carlos, por favor.


-- ¡Acercándome! -se echó a reír, tirándose hacia atrás en la silla y volviendo de pronto a arrimar su cara al cristal-. Acercándome cada día más, cada noche un poco más, cada hora más... Escucha, Jesús, escucha.


-- Ya me lo has ...


-- No, no. Escucha. Lo ví en el parquecillo de Amate. Estaba encima de una motito, junto a un banco donde dos o tres chavales más se pasaban una litrona. Y dos o tres chicas (mayorcitas que mi niña, sin los ojos negros de mi niña), reían y celebraban mil payasadas. Pero él era el que estaba en la motito, repeinado, las piernas abiertas, el cigarrito en la mano derecha, la sonrisa fresca y la carcajada fácil... Era él. Solamente me lo crucé un par de veces en los juzgados. Y mil veces en las noticias de la tele. Y mil veces en las portadas de los periódicos. Y mil veces en cada sueño que podía conciliar...


Yo sabía de sobras lo que iba a contarme ahora. Y como un acto reflejo, como ese perro de Pavlov que cuando presentía comida salivaba, mis ojos se empañaron de nuevo.


Él lo sabía de sobras. A él le gustaba repetírmelo. Yo fuí un tiempo su amigo.


Yo era, ahora, su eco, su confidente o su confesor.


-- ¿Tendrás un cigarro por ahí?, le pregunté. Se lo pregunté, Jesús, poniéndole la mano izquierda encima de un hombro mientras que con la derecha cogía de mi bolsillo del chaquetón...


-- Juanca, por favor.


--... la navaja de las cachas de nácar, la que nos regalamos mutuamente tú y yo, porque las dos llevaban la letra J grabadas en la empuñadura, ¿recuerdas esa tarde, Jesús?


Asentí, asentí mecánicamente, asentí pretendiendo cambiar de tema:


-- Fué en Córdoba, ¿no, Juanca? En las maniobras que hicimos...


-- La mano izquierda la pasé de su hombro a su nuca. Le hice girar la cabeza y mirarme. ¡Se quedó pasmado, amigo! Y cuando se encontró mi mirada con la suya... o la suya con la mía, ¡Jesús!, sé de sobras que a pesar de la barba de dos días me reconoció. ¡Me reconoció, palabra! ¡Jaja! ¿Pues no se había él cruzado tres veces conmigo en los juzgados? ¿No había él visto mi imagen en los noticiarios o en los periódicos tanto como yo la suya? ¡Jaja! ¿No reconoció él, por unos instantes, mis ojos negros, Jesús? ¡Tan negros que nunca se saben con certeza hacia dónde...!


-- Juanca, por favor.


-- Se la clavé después de escupirle. ¡Palabra, amigo! Y mira. ¡Te lo juro! ¡No sabía dónde metérsela! Por un lado llevaba pensado que en el vientre o en la entrepierna, más que nada porque sufriera la mitad de lo que mi niña sufrió. Por verlo retorcerse, ya sabes. ¡Pero qué va! ¿Y si al final salía vivo? ¿Vivo? ¿Mi niña muerta y él vivo? ¡Y se la metí por la espalda, Jesús, por la misma espina que hasta la hoja sentí cómo se partía dentro y...!


Me puse en pié de un salto y dejé caer la silla.


-- ¡La moto se cayó con él debajo! ¡Las chicas gritaron! ¡La litrona de sus amigos se rompió en el suelo! Y ellos se levantaron. ¡Creí por unos momentos que iban a venir a por mí, jaja...! Se fueron, Jesús, se fueron y yo me senté en el banquito que habían dejado libre de sopetón... Mirando al bicho éste, que se retorcía en el suelo delante de mí... con media hoja de acero metida en la espina... y la moto encima de las piernas... ¡Jesús! ¡Jesús!


Su hija, con catorce años y desde que nació y llegué a ser su padrino, tenía unos ojos tan negros, tan negros, tan negros, que nunca se sabía con certeza adónde miraban.


No sé, lo juro, por quién lloraba yo en esos instantes.


El tiempo se acababa y volví a poner la silla en pié, a sentarme y a acercar mi cara al cristal.


Juanca me miraba hacer, como si fuera consciente por anticipado de cada uno de mis gestos, de mis movimientos o de mis palabras... Con esa sonrisilla que le conocía desde que éramos amigotes de porrito y litrona, hace ya más de veintitantos años.


-- No tengo más tiempo, Juanca. Sólo he venido a decirte una cosa.


-- Me lo imagino. Suéltala.


-- En dos meses, semana de más o semana de menos, vas a salir de aquí. La gente se ha volcado contigo. Hay manifestaciones en Madrid, en Barcelona, aquí en Sevilla... en toda España, Juanca. ¡No te rías, cabrón! Las noticias, los periódicos, revistas, el you tube, las redes sociales, todo el mundo está contigo. ¡Juanca! ¿Te enteras...? ¡Todo el mundo está contigo, joder!


No dejó de sonreír, pero sacudió la cabeza a un lado y a otro.


-- Me alegro -dijo- De veras que me da alegría que la gente pueda llegar a entenderme. Pero no te equivoques, amigo.


-- Te digo que en unos dos meses vas a...


-- No te equivoques, Jesús. El que ahora está aquí y el que de aquí a dos meses puede salir a la calle... ya no es Juanca.


Y sonrió, nunca dejó de sonreír:


-- El que sale de aquí, ya no soy yo.



Quizás le interese:
     


miércoles, 14 de enero de 2015

-- Consume o Revienta.

     Desde la cal que te va a criar la resistencia de la lavadora hasta el alza bursátil que alcanzará tu índice de colesterol -sin dejar de lado, amigo, las micropartículas cancerígenas que te arruinarán la vida o los gérmenes letales que acortarán tus días-, todo, todo, todo en la Publicidad de hoy es intimidación.
    
     Al mundo, a fin de cuentas, lo guía el Miedo más que el Sexo. Ni falta que hace ser banquero, economista o sacerdote para saberlo.
    
     Un título de publicista, es más que suficiente.
    
     Sigmund Freud -que según Jose Luis Coll debía de andar con la cabeza en los huevos o con los huevos en la cabeza, vaya usted a saber-, llegó a creer con absoluta convicción que el Sexo lo era todo. Sigmund Freud, como la paloma, se equivocó de medias a medias. Sigmund Freud no tenía televisor. El Miedo.
    
     El Miedo es el que guía a la Humanidad. ¿Y miedo a qué...?, te preguntarás.  Hay donde elegir: apocalipsis maya, año 2015, eclipses intempestivos, apagones internáuticos, vida en Marte, el 666 número del Diablo, el átomo, el Universo, el tráfico, el vecino, ¿quieres más?
    
     ¡Enciendan la tele, desentiéndanse del mando, olviden el mundo, entrevénense de anuncios... y sentirán que una mano helada les acaricia la nuca!
    
     Porque la rubia del culete prodigioso que hasta ahora nos vendía el último modelo de utilitario, ya no está. En su lugar, una voz en off -¡uff!- nos previene del testarazo que vamos a meternos, ¡ay!, como nuestro vehículo no tenga barras de protección lateral ni reposacabezas homologado por la Comunidad Europea.
    
     Ya no está, no, la adolescente que se cepillaba las paletas antes de irse a dormir, con su camisoncito de tirantas. Un mojón. Hoy un tipo siniestro que gasta perilla y bata blanca, nos tilda de guarrísimos, menea un dedo delante de nuestras narices y nos reprocha la placa de sarro bacteriana que nos enfosca la dentadura, que ya veréis, viene a decir, que ya veréis lo que os dura la boca, graciosos.
    
     Se fue la madre sensual que fregoteaba su vajilla en soleada cocina y viene hoy a la pantalla una vieja hipocondríaca que clama, ¡cuidadooo!; y grita, ¡¿sois tontos?!; y te abronca: ¿pues no ves, cacho guarro, que dejas unos restos de suciedad en los platos que terminarán inexorablemente propagando la salmonella por el barrio y parte del extrarradio, so mandril, so loco...? ¿En qué piensas, criatura?
   
     El sexo ya no vende, que alguien corra y se lo diga al Almodóvar.
   
     Adios a la morena que pisaba con garbo, a la grupa de su fregona... Temblemos ahora con la cara de criminal del mayordomo impecable -¿familia de Robespierre?- que nos arquea una ceja y se nos queda mirando con cara de asco, que nos llama malospadres, degenerados, infanticidas; que sólo a nosotros se nos ocurre limpiar los azulejos de la cocina con semejante cultivo de gérmenes letales, ¿o es que no nos da nada por el cuerpo jugar con la salud de nuestros hijos y propagar por el piso semejante cantidad de hidrocloritos y microbacilos orgánicos como propagamos? ¿Somos tontos o qué?
    
     Y las niñas de las compresas, ¡ah...!, tililan de felicidad por el ancho mundo. Ellas, sí. El nuevo salva slip les permite respirar entre otras cosas, filosofar, leer a Kant y a Aristóteles, realizarse y comer de todo.
    
     Si el champú que usas no contiene camonilas licuo-refractantes ni pomelos frescos del valle de Arán, vas a cagarla, machote: la cabeza se te quedará como una pera de agua, la grasa te chorreará de las patillas y un alud de caspa te dejará ciego de la noche a la mañana.
    
     Al gato o al perro o al canario o a la tortuga, te los cargas con la porquería que les echas de comer, terrorista. Ya verás, chulo, cuando se entere la protectora.
    
     El abuelo te dura dos días si te empeñas en darle la leche entera en vez de inflarlo con chutes de actimel.
    
     Te pondrás gorda, mujer del milenio, y amarranada de grasas como no cambies pronto la marca de tus quesillos en porciones.
    
     La caries te cangrenará la boca -y una buena porción de tráquea- si sigues usando semejante dentrífico de oferta.
    
     El colesterol, en las noches de luna llena, te hará levitar.
    
     Bacterias y microalgas se te instalarán en la salita y los dormitorios.
    
     Amebas como pollos de granja te van a perseguir por los pasillos de la casa, insaciables. Y nada conseguirás corriendo.
    
     Los trogocélidos galopantes te acechan. Te espían.
    
     El hipo-fosfito cáustico sabe ya dónde vives.
    
     Morirás antes de tiempo, en suma, si no haces desde hoy una compra inteligente.
    
     Consume o revienta. Bienvenido al Pasaje del Terror.



    






jueves, 8 de enero de 2015

-- El Mundo en Babuchas.

     Hay días en que uno se levanta sin ganas de escribir.
    
     Hay días en que uno se levanta sin ganas de levantarse, mire usted qué cosas.
    
     Y uno no se lava la cara, no se peina, no se afeita y no se quita el pijama ni a pedradas.
    
     Uno embute los pies en unas babuchas que lo llevarán y lo traerán hasta que venga la hora de acostarse de nuevo... algo así como si hubieran eternidades de catorce o de quince horas.
    
     Uno se echa además, quizás por hacer algo que justifique el derroche de oxígeno aspirado, a la calle.
    
      Es algo que recomiendo incondicionalmente. Echarse a la calle acabaditos de levantar.
    
     Caminar con babuchas sobre el irregular y húmedo asfalto de las aceras puede resultar doloroso para quien no ande acostumbrado, es cierto. Si hace una mañana fría, será menester y recomendable abrocharse a conciencia hasta el último botón del pijama. Los catarros son tan traicioneros como minuta de abogado. Lo ideal, ya puestos, es llevar encima la bata de boatiné, muy redobladito el cuello hacia adentro... No prestar, por descontado, mucha atención a quien nos mire o nos señale o se eche a reír. Los críos sobre todo, son la leche de crueles. Los taxistas son unos guasones pero se cabrean pronto, ojo. Y los adultos en general, te permitirán caminar holgadamente en cuanto te vislumbren de lejos: se apartarán a un lado y te cederán con gentileza toda la acera para ti.
    
     Darse a pasear por las calles en babuchas, pijama y bata de boatiné es una manera la mar de lícita y complaciente de ensanchar las lindes del dormitorio, desoprimir (prefiero desopacar) los tabiques de casa y hacer del barrio, ¡qué digo del barrio!, de la ciudad, ¡ni de la ciudad!,  del Mundo una grata ampliación del Hogar.
    
     Imaginaos: todos en pijama por las calles...
    
    Considerando el mundo un hogar, como una extensión más de la salita, del dormitorio o del comedor, no sería complicado después hacer de sus pobladores una familia, una misma familia, una Gran Familia y sentirnos parte importante de Ella.
    
     Si la gente se echara a la calle en babuchas y pijama y boatiné -en verano, valen braguitas y calzoncillos- algo tan bárbaro como una colilla de cigarro o tan torpe como un asesinato no nos ensuciaría jamás las aceras. ¿Concebimos, acaso, una caca de perro en el centro de nuestra salita?
    
     Claro que no.
    
     Y mucho menos que pudiéramos concebir una guerra entre dos ejércitos acavernados entre batines de lunarcitos y babuchas de a cuadros, con el botón último del pijama -rosa o azul- bien abrochadito sobre la nuez del cuello.
    
     ¡Empecemos hoy mismo!
    
     Lo teníamos demasiado cerca como para verlo: el Nuevo Mundo empieza y acaba en la primera baldosa de nuestro propio dormitorio.
    
    
Quizás le interese, ya puestos:
-- Reflexiones: me río y no lo entiendo.
-- Extractos de mi Diario Íntimo II.
-- Vuelta de Vacaciones.