jueves, 9 de abril de 2015

-- Meditaciones sobre Educación.

¿La letra con sangre entra? ¿Debe pegársele a los alumnos?, son dudas que a veces se plantearon psicoanalistas, profesores o algún miembro del Senado. Mi respuesta es: ¡N0! ¡Nunca!
 
  Debe azotarse solamente a los padres, una vez y otra en sesiones más o menos espaciadas, hasta que sean capaces de inculcar en sus hijos el hábito de la Buena Educación, puntal básico e ingénito de todo conocimiento. La ley prohíbe castigar físicamente a los menores, pero nada dice explícitamente sobre azotar a los padres. La ley pena al profesor nulo, pero no pena a los padres incompetentes. Un guantazo a tiempo es siempre efectivo, y si se aplica a individuos mayores de edad que son además padres irresponsables, no deja secuelas dignas de tener en cuenta y sí que mucho rendimiento.

   La Educación debe de enseñarse en una mesa de comedor. La Educación no precisa de escuadras ni tablas de logaritmos. La Educación no se retiene memorizando conscientemente nada: la única manera de enseñar Educación es siendo educados. Hay gente maleducada que haciéndose padres se hacen propagadores letales de la mala educación... Un hijo maleducado no está en condiciones de aprender, porque obviará siempre lo más importante: escuchar.
 
  Por tanto, y para devolver al profesorado al escalafón que nunca debió abandonar, retomemos el uso de las buenas palmetas de madera de roble y los elocuentes tirones de patillas: pero a los progenitores incompetentes. Cuando el hijo vuelva a casa y encuentre a papá o a mamá llorosos con una manopla mojada en el cogote, quizás aprenda a valorar más el sacrificio que los papás y las mamás hacen por ellos, en aras de La Buena Educación.

10 comentarios:

  1. Partiendo del hecho de que quienes respetamos a los niños también respetamos a los adultos (independientemente de si se lo merecen o no), tengo que decir que.. ¡me parece genial tu propuesta! Desde luego, me ha hecho sonreír, gracias ^_^

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu visita. Si te llevas una sonrisa, mejor que mejor. Es lo que pretendo. Gracias, cielo.

    ResponderEliminar
  3. Yo tb he sonreido, no me hablo con mi madre desde que intentó pegar a mi hija de 15 años porque yo no la pego nunca y lo necesita jajaja . Me rio por no llorar,imaginaté como me educaron a mí.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Supongo que eran otros tiempos. A mí mis padres nunca me pegaron, sin embargo sí que recuerdo las palizas que nos daban en el colegio, con las manos o con una regla de madera. Creo que es posible imponerse sin tener que levantar la mano.
      Un abrazo, amiga y gracias por tu comentario.

      Eliminar
  4. Carmen Jiménez Murga13 de enero de 2013, 16:27

    Ole tú, me encanta cómo lo dices y lo qué dices, sigue así, que me mola mucho saber que estudié (y padecí palmetazos rabiosos)con un escriba tan elocuente y creativo. Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jaja... me encanta a mí más verte por aquí, como si la vida fuera una noria que nos vuelve a reencontrar en el mismo sitio, aunque en distinto tiempo.
      Nunca, en verdad, me impidió un palmetazo tomar un boli y escribir. Todo lo contrario. Me propuse (aunque no lo consiga) escribir mejor que quienes me atizaban con tanto empeño. O al menos, escribir más.
      No me quejo. Tengo sentimientos encontrados... Y no sé, en verdad, si cada acento o cada coma que pongo se los debo a un cayo en la mano o a una correcta lección de ortografia.
      Besos, amiga.
      Estás en tu casa... no hace falta decirlo.

      Eliminar
  5. Gloria Rosa Bermejo13 de enero de 2013, 16:59

    Mi madre fue maestra hasta que se jubiló el curso pasado, y de vez en cuando nos contaba alguna historia de algún "papá" o alguna "mamá" que habrían necesitado que se les aplicara el método que describes, y ya no solo en este ámbito, sino el simple hecho de ir por la calle ya te hace ver padres a los que les haría falta alguna colleja que otra. Muy bueno y muy cierto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a que soy la oveja negra de la familia, no se me caen los anillos del dedo cuando algún mamoncete de 14 0 16 años le arañan el coche a mi hermana la profe.
      Si los encuentro, los parcheo. Tengo cierto aire Quevedesco: me defiendo a medias con la pluma y a medias con la espada.
      De todas las maneras, el placer hoy es verte por aquí. Un blog abierto que espero te haga sentir como en casa. Puedes comentar, opinar o decir cuanto te plazca.
      En mi blog escribo lo que me da la gana y en mi blog escribe quien quiera, no hay condiciones.
      Hay respeto y complicidad. Y hay quien dice negro y hay quien dice blanco... Eso me encanta.
      También hay anónimos, gente que se escuda, gente que no da la cara. Pero todos entran. Para todos hay ración de carne.
      Cuanto escribo aquí, no está completo si no hay detrás 10, 20 ó 30 comentarios que lo aplaudan o lo descalifiquen.
      El caso es hablar.
      Gracias, de nuevo, por haberte asomado aquí.
      La vida, dice la canción... te da sorpresas.

      Eliminar
  6. Entiendo que no sea fácil para nosotros cuando nos pegan o nos hieren nuestros padres o cualquier otra persona, pero en cada momento, en cada situación se hace todo lo mejor que se puede. Hacemos lo que nos han enseñado, y creemos que es lo correcto. Por que , ¿no crees que una madre y un padre querrá por todos los medios lo mejor para su hijo? Aunque a veces no lo veamos así, o no sea fácil, para entender al prójimo debemos de ponernos en su piel. ¡Cómo van a enseñarte que es el amor si ellos no lo han experimentado! no crees que para enseñar algo antes deben de vivirlo, sentirlo. Ellos expresan su amor de la mejor manera que saben, desde su experiencia y por tanto para ellos el amor es eso.

    ResponderEliminar
  7. Termino de escribirte un comentario que no tengo idea a donde ha ido porque después de poner lo escrito he pulsado donde ahora y nada ha salido.
    No recuerdo a lo largo de mi vida que nadie se haya atrevido antes de ahora y gracias a tí, a plasmar con mas sencillez y crudeza la educación los que ya somos viejos que no solo recibíamos los palos en las escuelas sino que en casa los doblaban cuando decías que te había pegado el maestro, llegando en algunos casos a dejar secuelas físicas que son como medallas que cuelgan en el pecho de tu vida hasta que te entierran.Gracias pues por tu homenaje a los que padecimos esas cosas y ahora nos censuran porque no practicamos con nuestros hijos la misma pedagogía

    ResponderEliminar

¡Anímate y participa dejando tu opinión, tu parecer o tu comentario! Siempre contesto a todos. Gracias.