viernes, 21 de octubre de 2016

-- España no lee por tu culpa, Celestina.

    Se cumplen, mire usted, unos 516 años de la publicación de La Celestina...
  
   Obra emblemática y eruditísima, ¿quién lo duda? Y Obra cumbre y Obra modélica. Y Obra ejemplar, meritoria, emblemática, axiomática y etcéteras varios.
  
   Y Obra responsable de que mi hijo, y me temo que media España, no lea.
  
   Tal como lo digo.
  
   Mi hijo es un chaval aparente y perfectamente normal, o sea que se viste como el fantasma de Canterbury, calza botas dos tallas por encima de las de un zapador de Ingenieros  y le resulta en ocasiones imposible comer calamares fritos de dos en dos, porque se le eslabonan con la argolla que lleva como pearcing en el labio de abajo (según se le mira la cara, de frente).
  
   Normal es mi hijo y normal es, pues, que huya de los libros como del diablo.
  
   ¿Por qué? ¿Desde cuándo?
  
   Pues desde el nefasto día en que su profesor de Lengua le endiñó, a él y al resto de su clase, lo que yo denunciaría como un alevoso e inmisericorde Celestinazo en mitad de la frente. Eso no se hace, señor mío. De los 25 alumnos que había  en la clase aquélla mañana, hubo quien lo sobrellevó con entereza. Mas hubo quien no pudo ya abandonar el hábito molesto de morderse los cuellos de las camisas ó bizquear mirándose un codo cuando pasaba por delante de una librería.
  
   En todo caso, señor, para unos y para otros de estos sorprendidos alumnos, el puntillazo les vino a la evaluación siguiente... de la mano larga de El Lazarillo de Tormes. Obra cumbre y Obra eruditísima también. Y modélica y emblemática y etcéteras diversos. Pero, al igual que su hermana La Celestina, gran espantadora de futuros amantes de la Lectura.
  
   Con 12 o con 13 años, consienta conmigo, no se asusta así a un niño. No debe.
  
   ¿Por qué le hicieron eso a mi hijo, señor?
  
   ¿Por qué La Celestina, El Quijote, El Lazarillo, El Buscón... -obras grandiosas a las que sólo el tiempo nos puede arrimar-, esperaron a mi hijo y a otros miles de chavales a la vuelta de una esquina y les saltaron sorpresivamente sobre las espaldas, a traición? Para robarles de por vida la inquietud de leer...  
  
   Allí me lo echaron a perder, a mi hijo, señor, en aquélla clase rancia de minas de lápiz y de gomitas de borrar: pillándole la cabeza entre las tapas de unos libros, ¡con catorce años, señor!, que no pueden llenar ni colmar ni activar ni complacer ni provocar ni azuzar ni hacer soñar -¡pero sí roncar!- ... ni hacer amar la Literatura a nadie.
   
    En España se lee poco.
    
    Y yo estoy por asegurar que la culpa la tiene una Celestina administrada a deshoras.
  
    Yo no la leí en mis tiempos de estudiante, señor, a esta malhadada Celestina. Una varicela venturosa o una gripe puntual, me libró de ella y me trajo a mi cama, en su lugar, los dos revólveres de Marcial LaFuente Estefanía, el bigote arrogante del Poirot de Agatha Christie o la pipa insatisfecha del Sherlock Holmes de Conan Doyle.
  
   De aquéllos mis compañeros de clase, ¡pongo la mano en el fuego!, no debe de haber hoy ninguno que disfrute más con un libro entre las manos que yo... Incluído éste de que le hablo, nuestra Celestina de don Fernando de Rojas...
  
   Un libro que volví a leer ayer.
  
   Un libro al que solamente el tiempo, la inquietud, cierta dosis de pasión -cuando lo principal ya lo sembró Sherlock Holmes o Poirot-, puso entre mis manos a su justa hora.
   
   (Para Marina, profesora de Literatura, con afecto y espero que con... efecto).

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26 comentarios:

  1. Tienes toda la razón, no puedo estar más de acuerdo.
    Con lo que cuesta inyectarles un poquito de amor por la lectura, se tiene que tener muy poca vista o mucha mala leche para intentarlo con estos peñazos.
    A estos libros sólo se puede llegar de forma voluntaria y después de haber leído mucho y tener más que instaurado ese amor por leer.
    Yo que siempre he leído muchísimo desde pequeñita nunca he sido capaz de terminarme uno de esos, imagina si no tienes costumbre.
    Agradezco a mis profesores que aunque yo ya leía y por tanto me encantaba que nos obligaran a hacerlo, una de los primeros libros que nos dieron fue "Crónica de una muerte anunciada" sencillito, fácil y bueno para iniciarse

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    1. Veo con agrado que coincidimos en muchas cosas, compañera, y no sólo en el contenido de este artículo. He tenido la oportunidad de conocerte un poco paseando por tu blog, y la verdad es que he empezado a creer en eso que llaman "las almas gemelas". Nuestra afición (¿enfermiza?) a escribir, la manera de enfocar distintos temas, ese toquecillo de guasa contenida, ese cosquilleo de mil inquietudes burbujeando en el estómago, esa rabia escudada detrás del humor o cosida con puntadas de ironía... Sí, la verdad que el paseo por tu blog me ha hecho sentir como Alicia (salvando la barba, las gafas y el conejo) deambulando por el mundo de los espejos.
      Recibe un muy cordial saludo, amiga, y gracias por haberme dado, con este comentario, la oportunidad de conocer tu blog y -por ende- conocerte a ti.

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    2. Vaya! grata sorpresa! pues me alegro un montón, es que voy buscando otros blogs para leer que me resulten interesantes, y no te creas, que me cuesta encontrarlos, así que me pongo supercontenta cuándo leo algo que me atrapa o con lo que me identifico, como ha sido el caso.
      Te iré siguiendo, y gracias, por cierto, si entras al mío, no te cortes y comenta, si te apetece vaya, que me encanta mantener relación con la gente que entra por allí.
      Un beso Jesús

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    3. Comentaré y comentaré, no lo dudes. Cuando un blog gusta, es lo justo dejar en él una huella de nuestro paso.
      Saludos.

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    4. Vaya, normalmente siempre me sorprendo cuando alguien comenta en mi blog, cuando por curiosidad le doy a ver quien es a veces aumenta la sorpresa, porque como es este el caso no logro explicarme el por qué :D

      Lo digo porque evidentemente uno ve blogs como este desde la inferioridad asumida, no es modestia, es la realidad, se nota que quien lo escribe tiene cierta clase.

      Sobre lo que comentais, porque me he metido en esta charla al reconocer a una amiga tan admirada con Inma, tengo dos crías, la mayor lee, la pequeña no sabe, pero lo va intentando, la cosa es que casualmente hoy tengo un amiguito de la mayor en casa, conmigo, a él solo porque a las mías las tengo empaquetadas aprendiendo a hacer surf, ¿sabes lo que está haciendo ahora mismo?, leyendo un libro, sí, cierto, uno infantil, de aventuras, pero por algo se empieza digo yo.

      Nada mi admirado, egregio y nuna bien ponderado Jesús, un gran placer leerte y un gran honor el haber gozado de tu visita, cuídate mucho artista.

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    5. Eres muy amable, compañero. Pienso que un blog gusta cuando conecta con nuestros sentimientos, cuando nos sentimos identificados con lo que leemos, cuando nos hacemos cómplices, entre líneas, de quien lo escribe, lo conozcamos o no. En mi caso, es lo que me ha pasado con tu blog. Lo que he leído, de alguna manera lo he vivido. Lo que en él dices, de alguna manera lo siento igual... Aunque cada uno lo exprese de distinto modo, creo que lo que en el fondo nos une es saber que somos iguales en muchas cosas.
      Recibe un abrazo muy cordial y gracias por tu visita y tu comentario.

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  2. Sí señor. Ha arrimado mas almas a la lectura M.L.Estefanía, Lou Carrigan, Clark Carrados que todos los clásicos habidos y por haber. Un libro a destiempo es más dañino que la gripe A. Un saludo.

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    1. Es cierto, compañero. Se quejan de que la gente lee poco, pero muchas veces desde los colegios les endiñan unos mamotretos que a ciertas edades no hay quien los entienda, los digiera ni le vea maldita la gracia.
      A los clásicos se llega con los años, sin empujones bruscos y por voluntad propia.
      Gracias por tu visita y recibe un cordial saludo.

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  3. En ocasiones se infravalora al lector.No todos los libros son buenos,Y no todos los buenos escritores tienen publicado un libro.
    Cierto es, que hay mucho bueno.
    Tu lo eres, yo creo que va a ser que si.
    Abrazos ÑAO.

    Nota: ¿ El Marca y el As cuenta como lectura?

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    1. Gracias por tu comentario, nao. Hay libros muy leídos y libros que se leen menos. Pero ya sabes. También hay mucha gente que come bellotas y pocas las que desayunan con caviar.
      El Marca y el As pertenece al género de las bellotas.
      Un abrazo.

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  4. Buena info hahah aunque soy de méxico , Gracias por haberte pasado por mi blog y que bueno que te gusto

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  5. Gracias a ti, por tu visita y por tu cordialidad. Tu blog simplemente es ameno, entretenido y bien llevado: por tanto, todo el trabajo lo tienes ya hecho para que siga gustando.
    Un abrazo afectuoso.

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  6. No puedo estar más en desacuerdo. Afirmar que la gente en España no lee por 'La Celestina' es de un paletismo demasiado ofensivo. El libro de Rojas conecta a la perfección con chavales adolescentes -en mi caso y el de la mayoría de los compañeros de mi clase así fue- la avaricia, la injusticia, la parodia...pero sobre todo la temática del PRIMER AMOR son cosas para descubrirlas en la juventud...desde luego agradezco a mi profesora que nos recomendase muchas de las joyas de la literatura para leer en clase('El guardián entre el centeno', 'El principito', 'El camino', 'Romeo y Julieta')...según tú teoría, en clase que deberían leer? Harry Potter?? (el personaje que más daño ha hecho a la historia de la literatura) Trilogías de vampiros??...por favor!

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    1. Gracias por tu comentario, ante todo.
      ¿Harry Potter? Pues vale.
      ¿Los Cinco, de Enid Blyton? También.
      ¿Hombres lobos crepusculares? ¡Claro que sí!
      ¿Mortadelo y Filemón? Por supuesto.
      Soy de un paletismo tan evidente, que lancé a la Celestina por la ventana de la salita con trece años y no volví a recuperarla hasta los 30, cuando ya me bebía -gracias a cualquier novelilla de "pacotilla"- a Cervantes, a Rojas, a Galdós, a Quevedo, a Pardo Bazán...
      Eso sí: con 13 años -salvando a las eminencias como tú- tales lecturas me repelían.
      Y Agatha Christie o Allan Poe -relatos, no poemas- me enseñaron el camino.
      A día de hoy, mi hija aprende a leer con Gerónimo Stilton, Harry Potter ó La vaca lechera. No pretendo asustarla con un Quijote que yo, personalmente, me sé de pé a pá desde los 40 años.
      Un niño de 13 que recostado en su cama leyera La Celestina o el Lazarillo... me daría escalofrío verlo.
      Y soy un tan grande paleto, que suspendía Literatura en la escuela y hoy me llaman para corregir textos, cosa (si es de tu interés)que suelo hacer gratuitamente.
      En fin, compañero. Que de opiniones y lecturas y experiencias, hay para todo. Y que responder a tu comentario es todo un placer... Porque en verdad aprecio a la gente que dice lo que siente.
      Con respecto a mi presunto paletismo... Es cierto. Pero ya sabes: ladran, luego cabalgamos.
      (Ver Quijote)
      Un cordial saludo.

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  7. El virus lector hay que inocularlo desde la más tierna infancia lectora, caligráfica y de palotes. Que en casa hay una buena biblioteca, estupendo; que los padres (a ser posible la madre, en especial porque el padre esté, como debe, con las tareas domésticas) frecuentan los libros en el lar a la vista de los nenes, miel sobre hojuelas. Y así se va formando carácter y crianza librescas que es una barbaridad de bueno. Pero, claro, y estoy contigo Jesús, que no vengan luego los profes con clásicos como el citado que requieren de acervo, madurez, vocabulario, muchas lecturas y, sobre todo, de ediciones críticas bien presentadas y con sus muchas notas a pie de página (mejor que al final del libro, señores editores) para mejor contextualizar y ganar cómplices lectores ya para toda la vida per secula "traserorum".

    Saludos cordiales.

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    1. Un placer, compañero, verte de nuevas por acá. Poco tengo que añadir a lo que dices. Círculo de Lectores ha sacado hace poco la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, estupenda a mi entender, todo un lujazo. Inculcar el hábito de la lectura en los hijos, empieza por los progenitores, claro está. Si un hijo no ve a sus padrees leer, difícilmente aceptará que después le digan: anda, hijo, entretente y lee algo... Y con respecto a los inicios en tan gratificante adicción, no creo yo que puedan llegar a los doce o trece años de la mano de un Cervantes o un Tirso de Molina. Difícil lo veo.
      En fin, compañero, que gracias por tu comentario y que un cordial saludo hasta que volvamos a encontrarnos (a leernos).
      Vale.

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  8. ¡Qué no señores, que no se enteran! Dejen de echarle la culpa a la Celestina y al Lazarillo...¡pobres! El lector se hace misteriosamente y como bien sabéis exige que antes de leer una sola palabra le hayan maravillado con una cuantas historias cuanto más pronto mejor. El papel del iniciador, señores, que se nos olvida siempre.
    Un alumno de 13-14 años no lee "La Celestina", a los más unos cuantos fragmentos muy escogiditos que, permítanme que disienta, pueden ser deliciosos. Recuerdo perfectamente la clase en la que nos dedicamos a "traducir" los diferentes oficios de esta señora Un tanto endiablada (yerbatera, alcoholera, facedora de virgos...) y cómo disfrutaron mis alumnos que, a propósito, conocen vida y milagos del Cid, del Arcipreste, de Nemoroso y sus penas y por supuesto los avatares de Lázaro y su educación sentimental...(gracias a la facundía de su profesora de literatura, claro)
    ¡No echemos la culpa a dos clásicos! Dejémonos de tanto nombre e historias (qué excelentes, que eruditos bla, bla, bla...), Bajémoslos del anaquel y dejemos que compartan espacio con todos los libros que Ud. nombra sin endilgarles epítetos...Yo llegué tempranísimo a La Ilidada, a La Odisea; al Principito; al Cid y hasta el Cántico espiritual...me los contaba mi madre que nunca pensó que mejor para cuando fuera mayor...Hay excelentes adaptaciones para niños y jóvenes y mientras leía Corazón, Mujercitas ...y todo era ganancia.

    ¡Fíjese que lo que me preocupa un poco es pensar que lo que su hijo sintió como un "Celestinazo" quizá no haya sido más que un apocado Celistinín al que se atrevió la profe...(poco aguante, que quiere que le diga)
    En todo caso, si su hijo no lee no es por La Celestina...¡piénselo bien! El mundo literario en muy ancho...por suerte!

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  9. Pues permíteme, compañera, que disienta. Si bien pudiera yo pecar de generalizador, no puedes venir tú a hacerme de lo excepcional una norma. Un chaval que disfrute con los "fragmentos deliciosos" de La Celestina, o bien es un portento intelectual o bien encuentra "fragmentos deliciosos" en lo que quiera que le endiñen, con tal de aprobar al final del curso.
    Que alumnos tuyos hayan conocido la vida y milagros del Cid (no del torero, del otro) no esclarece para nada ni la manera en que lo conocieron (a las buenas o a las malas) ni si todavía siguen recordando quién fué. Ni siquiera, si todavía compran y hasta leen libros.
    Con respecto al Celestinazo que a mi hijo le metieron, entienda vuesa merced que es licencia de facedores de cuentos inventar hijos donde haberlos no los hubo, e que tan desmesurado Celestinazo no lo recibió otro que quien herido mas repuesto ahora le contesta.
    Mi artículo, precisamente, me lo dio que ni pintado mi última adquisión en Círculo de Lectores, que no fué otra que La Celestina, en su maravillosa edición de Clásicos de la Real Academia. Un libro en el que meto la nariz y mi corazón -hoy- a la vez que recuerdo cómo me hicieron aborrecerlo a los 14 años.
    Gracias a Dios, vino Agatha Christie a reconciliarme con la Lectura.
    ¿He de ponerle epítetos a Agatha Christie, a Enid Blyton o a J.K.Rowling? Pues que son adictivos.
    ¿Epítetos a Cervantes, Fernando de Rojas o Calderón de la Barca...? Pues que son adictivos... cuando ya te han hecho adicto antes.
    Espero, eso sí, que los niños que han leído la Celestina de tu mano, hayan entendido la sutil diferencia entre facedora y desfacedora de virgos.
    Sin más, un muy sincero abrazo.
    Cada cual a su manera y cada cual con sus experiencias, creo que defendemos lo mismo. Y creo que ambos disfrutamos viendo a un niño leer.
    Gracias por tu visita y tu suculento comentario.

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  10. ¡Madre mía...lanza en ristre! ya me parecía a mí que vuesa merced estaba exagerando e inventándose hijos al pelo.
    Cuando califico un fragmento delicioso lo hago simplemente pensando en el jugo que se le puede sacar (solo conseguir que me escuchen)
    Tienes razón en algo y lo digo...cuando veo que un alumno está leyendo otra cosa que no sea su smart fone, lo dejo en paz...¡qué lea lo que sea! Ha sido increíble y es la pura verdad, ver a chavales de 14-15 años enganchados a novelones con pena que se lea acaben...Todo hay que decirlo, para mí son "infumables".
    Un saludo. veo que los dos tenemos "la enfermedad de don Quijote y no queremos remediarnos!

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    1. Creo, amiga Begoña, que en el fondo compartimos la misma idea, aunque cada uno la exprese desde un punto de vista distinto. Punto de vista -como todo- que depende de tantas cosas.
      Pero el bigbang de nuestras inquietudes, es exactamente el mismo.
      Y como Jesús, mi tocayo, que decía aquéllo de "dejad que los niños se acerquen a mí", también los libros debieran traer de fábrica una etiqueta que expresara lo mismo.
      A mí la lectura -y te habla quien hace cuenta de sus vicios tachando con rotulador negro los que ya ha disfrutado (y he gastado seis cajas de carioca)-; a mí la lectura, te digo, me ha dado los mejores momentos de mi vida...
      Y todo a pesar de mi Celestinazo.
      Un abrazo muy sincero, compañera. Porque ver a un crío leer sé que te supone la misma alegría que a mí.

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  11. Uy, yo comparto la opinión de Begoña Eguiluz; el iniciador tiene tanta influencia en que los chicos se inicien en los libros, como la elección de los libros. Creo que es atinado hacer leer clásicos que son breves y que presentan una situación con la que los chicos se pueden identificar: es el caso de La Celestina, y no del Quijote. Mi maestra de segundo de secundaria nos contó La Celestina de un modo genial: estábamos embobados con su performance, llenos de morbo adolescente ante la situación: la mujer hasta se tocaba el cuerpo en una actuación para recordar. Nos reíamos y la obligábamos a decirnos qué más y qué más, hasta que nos dijo que si queríamos seguir sabiendo, leyéramos el libro. Honor a quien honor merece: Lucy Torres, espero que esté bien.

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    1. Supongo que cuando dices que un chico (chica) se identifica con la Celestina antes que con el Quijote (llegados al caso en que con 12 años y tanta variedad literaria tuvieran la madurez de indentificarse con alguno de ellos), supongo -digo- que haces alarde de una ironía inteligente y rocambolesca... y como tal la tomo.
      A no ser, claro, que el pupilo (¿pupila?) en cuestión anduviera arrodillado contra una pared en un colegio de monjas de la Dulce Caridad.
      Por tanto, como irónico tomo tu comentario y como tal lo aplaudo.
      Como comento más arriba, nunca agradeceré lo suficiente a Agatha Christie, a Conan Doyle y a Enid Blyton el favor inconmesurable de habermeacercado a la Lectura... Solamente a la Lectura. Porque detrás de ella, venía La LITERATURA.
      Esa LITERATURA que en quinto de EGB me hacía temblar ante un libro... por mor de mi hoy admirado Rojas o Cervantes.
      Mi hija, desde luego, lee a Gerónimo Stilton. Si la viera a su edad leyendo El Lazarillo de Tormes, me preocuparía... Me preocuparía (eso sí) si la obligan.
      Ella lee Gerónimo Stilton porque le gusta.
      Por eso intuyo que será mañana una gran lectora como su padre: sin Miedo a los Clásicos.
      Besotes, compañera.
      La verdad es que este artículo (escrito hace ya tiempo) siempre me ha dado muchas satisfacciones y mucho lugar a charlas interesantes, que es lo que al final cuenta.

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    2. Nadita de ironía; en serio creo que a los doce o a los trece una (o uno) se puede identificar con los personajes de La Celestina; también recuerdo cuando la misma maestra nos puso a leer en pareja El Zarco, creo que ambos lo disfrutamos -yo, mucho-. Pero se necesita una maestra como esa, que haga que se antoje...

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    3. ACTO IV de La Celestina:
      (... diráme en mi cara denuestos rabiosos. Propondrá mil inconvenientes, que mi deliberación presta le puso, diciendo: "Tú, puta vieja, ¿por qué acrecentaste mis pasiones con tus promesas? Alcahueta falsa, para todo el mundo tienes pies, para mí lengua; para todos obra, para mí palabras (...) Cuando a los extremos falta el medio, arrimarse el hombre al más sano, que es discreción...)
      Mira. A mi hija de once años, que ya suspira por un móvil, le dije que hasta los catorce o quince no lo tendría. Porque estimo que no tiene edad.
      De igual manera, estimo que con once años no debe nadie ni debo yo obligarla a leer una obra de la que solamente puede sacar la conclusión de que es un bodrio ininteligible. Al menos, con once años. No. No quiero espantarla.
      Al igual que un móvil o un perfil personal en cualquier red social (con once años), estimo que una Celestina no es lectura apropiada para su edad. Todavía no. Todo se andará.
      La Celestina, que es una obra de unas 300 páginas, tan sólo en acotaciones y notas y explicaciones y comentarios se convierte en un tocho de 1300 páginas... para que un adulto pueda saber qué está leyendo. Un adulto.
      Imagina a una criatura con la nariz metida ahí en medio.
      No me extraña nada que de mi vieja clase de EGB, solamente los dos o tres que faltábamos a clase de Literatura seamos hoy los que más leemos y más escribimos.
      Insisto en que todo tiene su edad apropiada.
      Por supuesto que tengo que darte la razón cuando hablas de quién y cómo y de qué manera te introduce en este maravilloso mundo de los Libros... ¡Claro que llevas razón! Pero la línea que separa el rechazo total de la sumisión más íntegra, es muy sutil... Hay que andar con cuidado y no arriesgar... porque nos jugamos mucho con los niños.
      O los atraemos o los repelemos.
      Y hoy día hay mil opciones. ¿Por qué darle un Lazarillazo de Tormes en vez de un suculento cuento de piratas?
      ¿Por qué un Quijotazo en vez de un Harry Potter?
      La lectura se deja alimentar solita. Empecemos con leche, zumos y frutas antes de incrustarles en el estómago una cementera de chícharos o garbanzos con tocino, chorizo y suculenta grasa. Porque van a engordar, sí, pero terminarán vomitando.
      Agradeciendo una vez más tu comentario (este artículo, ya te lo dije, es de los que más satisfacciones y tertulias interesantes me ha dado), te envío otro saludo.
      Mayor, si cabe, que cualquier otro que te haya ya enviado.
      Es un tema precioso y en el fondo, tanto tú como yo, apreciamos lo hermoso que es adentrar a un niño en este mundo de letras, puntos, comas, frases... ¡Un mundo más cercano que cualquier planeta que pueda mañana descubrirse!
      Gracias, amiga.

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    4. Gracias a ti, siempre se agradece una conversación interesante. Yo la verdad creo que cuando leía "puta" a los doce años, el morbo me hacía querer seguir leyendo, y se me hacía genial que la palabrota viniera en un libro que todos veían bien que yo estuviera leyendo :D Claro que a esa edad se entiende lo que se puede entender, pero eso pasa con todo... En todo caso, leí una vez en una página de consejos de judíos para judíos, que nada mejor que prohibir para alentar la búsqueda de algo, y por tanto, convenía dejar los libros cerca de los niños y decirles que "son para mayores". Bueno, ¡pues un abrazo!

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    5. Ni que decir tiene, no es la palabra "puta" la que me hace sacar al tuntún este extracto de "La Celestina". De hecho, creo que es de las primeras palabras que escucha un niño en el colegio, en la calle, en la televisión o en el propio salón de su casa. Y por mucho que a los niños les atraiga lo prohibido, ya te digo que es difícil convencerme de que un chaval (chavala) de once años se interese por sí solo en leer un clásico del siglo XV cuyas acotaciones a pie de página ya son capaces de provocar una embolia a un adulto poco formado.
      El consejo judío, supongo, también debe extrapolarse a las clases de matemáticas y nada mejor que decirle a nuestros hijos que no se les ocurra leer el tema del máximo común divisor ni de la suma o resta de fracciones... para conseguir así rotundísimos sobresalientes al final del curso.
      No sé, no sé.
      Como apunte generalizado, te diré que a mi generación nos endiñaron el Celestinazo a los once años y que mi generación lee mucho menos que la generación de hoy... que se agolpa en las librerías esperando la salida del nuevo Harry Potter o la ración habitual de Vampiros en su salsa.
      El caso es: que lean... Que la lectura, tarde o temprano, te adentra en mil inquietudes cuyas respuestas sigues buscando en la lectura, a lo largo de los años.
      Pues un nuevo abrazo, amiga. Y gracias nuevamente.

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