jueves, 12 de julio de 2012

-- En ocasiones... escucho canciones.

     Uno vuelve a ver la película de La Momia y se da a pensar, como es natural, en los enigmas y prodigios del viejo Egipto. En la inimaginable construcción de las pirámides, pongo por ejemplo.
     Prosigue uno con mil cavilaciones sobre los intrincados procesos de la momificación, cuando ni siquiera abundaban mucho las clínicas de estética integral ni los rayos láser.
     Salta uno, de repente, a comerse el tarro con la cosa del Tiempo, con la Eternidad y con todos sus muertos (dicho con el mayor respeto). Y llegados a estos vértigos, no es improbable acabar reflexionando -quizás por una conexión inconsciente- en la cantidad de figuras del mundo de la Canción que, famosas hace como 30, 40  ó 50 años, vuelven hoy a grabar discos.
     O sea, las Momias del siglo XXI.
     También ellos, los cantantes de ayer, han hecho rechinar las puertas de sus sarcófagos. Nos han envuelto en su rancia polvareda. Han sacado el gaznate de ultratumba y han decidido complacientemente -sin consultarlo siquiera con el geriatra de guardia de la Seguridad Social- que todavía, ¡leches!, se siguen manteniendo jóvenes. Que las pechás de calcio y yogures desnatados que se meten, les debe bastar para no envejecer. Que ni la próstata, ni las cataratas ni los completos packs de alifafes seniles que arrastran hoy, pintan nada si el alma es joven... Que cantar, lo mismo que escribir o hurgarse en las orejas, debe de ser un arte que más se perfecciona cuanto más viejo es uno...
     Conque señores míos: egiptólogos, antropólogos, público en general: ya los tenemos otra vez de vuelta, entre nosotros.
     Una cosa así como la maldición de la puñetera Momia, pero con muchos menos miramientos y con sonido envolvente. ¡Han vuelto!
     Y en ocasiones... escucho canciones...
     Pululan por la prensa del corazón y juran que vuelven porque el público -usted y yo, la culpa es siempre de los mismos- se lo ha pedido. Toma castaña. Retozan cual espectros incorruptos por las ringleras de compasdís y emespetré del cortinglé. Enormes cartelones amenazan a la población con sus conciertos. Pones la tele y, ¡aihhg!, ya los tienes en el comedor.
     Algunos han vuelto calvos como codos. Los hay mellados como llaves viejas de un viejo buró. Algunos, comiditos de arrugas como pelotitas de papel de celofán. Combosos como cáncamos oxidados.
     Sea como sea, saltan ágilmente al escenario -es un decir-, sonríen con la elegancia de un melón empezado, agarran con precaria familiaridad el micrófono -algunos se preguntan por dónde andará el cable- y se lanzan a cantar...
     Es otro decir. Cantar -que nadie me los deprima- cantan menos que el que se atragantó con la espina del bacalao. O parecido.
     Se mueven pendularmente en el centro del escenario -cuidado con los esguinces-, agitan papada y tupé adelante y atrás, ignorando a qué compás, si al del bombo o al de las arritmias de su propio corazón.
     A veces, palmean. A veces, retozan cuasi parkinsonianamente. A veces, cierran los ojos al compás de la música y entonces -pienso yo, infeliz- entran en trance y se creen más que nunca que eso del Tiempo y su inevitable paso, no va con ellos, que son cosas del Garci y sus películas.
-- Los viejos rockeros, nunca mueren -gustan decir.
-- Pues vaya por Dios -suspira alguien, por ahí detrás, resignado.
     Olvidaron pues, o no lo quieren recordar, lo efímera que es la fama. Que el éxito lleva fecha de caducidad, como los botes de mayonesa o los otros botes, los que pegan los pechos de las modelos cuando enfilan una pasarela al trote jerezano,
     Olvidaron que los sorbitos de gloria que cada cual merece, ya los dieron ellos hace años.
     Que lo nuestro es pasar... Será, pobrecitos, que no terminaron de venirse a las buenas con el anonimato. Será eso. Pero por olvidar, han olvidado conceptos básicos como el ridículo, el patetismo, el quiero y no puedo y la dignidad.
     La dignidad sucinta y suficiente para no venir de ultratumba a querer convencernos, hoy, de que el Tiempo no quiere trato con ellos.
     Y con sonido envolvente y todo, virgen santa.
     Pues una leche de mi parte.
     Desnatada, faltaría más.

(No es mi artículo de hoy, por descontado, generalizable. Pero de las X personas que me leen, sé de sobras quién sabe el que volvió como momia y el que volvió porque hoy, con los años, canta mejor que nunca. Son los menos, pero son.
Quizás, salvo excepciones, puedo llegar a creer que muchos no vuelven... sino que los traemos de vuelta nosotros).
    
    

11 comentarios:

  1. pues mira Jesús hay gente que pasen años y años, décadas, y siguen sonando sus canciones y se nos eriza la piel, a mí me pasa con mi querido Fredy mercuri, por ejemplo, es gente anticipada a su tiempo.
    Eres un cachondo jajaja, me ha molado tu post!!
    un beso, feliz fin de semana. Amelia.

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    1. Efectivamente, Amelia, hay gente que como el vino, el jamón y el queso curado, gana con los años. Freddy Mercury, sin embargo, no ha vuelto, simplemente lo traemos nosotros desde ultratumba, que es distinto. O sea, que nunca se fué del todo.
      Un placer saberte por aquí cerca, amiga, y un abrazo muy sincero para ti y tu maravillosa familia.

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  2. Hay de todo, hay bandas que llevan años y años y siguen en forma y los hay casposos que vuelven y vuelven cada dos por tres, creo que porque se ven sin un duro y donde Maria Teresa Campos no caben todos.

    Es más, esos grupos vuelven siempre tocando sus temas de entonces, porque los que graban nuevos no les gustan ni a sus fans de entonces ni al público actual.

    Ahora, hay retornos bastante dignos, Europe por ejemplo, míticos en los 80 y que retornaron hace unos cuantos años con bastante clase y llevan tres o cuatro discos bastante buenos en esta nueva etapa.

    A sus pies venerado líder.

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    1. Comparto en todo tu comentario, admirado contertulio. Evidentemente, hay retornos que son míticos. Como hay gente, ya con cierta edad, que han madurado y nos siguen dando todo de sí. Ahí tenemos al mismo Bruce Springsteen.
      Mi medidor de Momias va en su esencia dirigido a esa proporción nada desdeñable de cantantes y folclóricas que, cual toreros de pacotilla, se retiran mil veces para volver otras tantas a tomar el estoque y la muleta... olvidando la muleta -la otra- en los pasillos del centro de diálisis.
      Un abrazo, compañero.

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  3. Lastimica, a mí me dan pena, porque creo que los motivos son dos, o se les ha ido ya la cabecica, demencia senil que le llaman, o a los pobres no les queda ni para pagarse la residencia y tienen que volver para no terminar en la calle mendigando.
    Eso sí, son insufribles, cualquiera los aguanta...

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  4. Ya te digo, amiga. Desde luego, los que tienen cierta edad y siguen en la brecha, es porque no lo hacen mal, incluso puede que hayan ganado con los años.
    Los Momios son los que se retiraron hace ya años y vuelven ahora sin entonar ni a silbidos... por eso, por eso, porque han perdido la chaveta o porque han menguado los ingresos.
    Un fuerte abrazo, linda.

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  5. Para mi, sin duda lo mejor son las viejas bandas, a mi me encanta que "mi tronkete" Alice Cooper siga en el escenario y sacando albunes y lo mismo puedo decir de gente como Van Der Graaf Generator, Pink Floyd, etc., etc.. De hecho, es que nunca se han retirado.

    Lo que no es de recibo es que aparezca gente nueva de la "categoría" de Kiko Ribera (antes Paquirrín) y esperpentos semejantes.

    Quizás convendría señalar sin cortarse un pelo, a los tales "momios".

    Saludos.

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    1. Alice Cooper, qué grandísimo veneno.

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  6. Tú lo has dicho, compañero: hay gente que no ha vuelto porque, de hecho, nunca se retiraron. Siempre han estado ahí, al pie del cañón, dejándose madurar por el paso del tiempo o incluso adaptándose a nuevas formas, pero sin perder su esencia.
    Las especies alienígenas tipo Jesulín, Paquirrín o Tontín de de los Bosques, proliferantes como bellotas, merecerán otro día cualquier artículo esencialmente de humor, pero alejado muy mucho del tema de la Música, más bien será un artículo sobre desgaste neuronal del hemisferio izquierdo o acumulación patológica de bolsas de aire en el centro del cerebelo.
    Recibe mi más cordial abrazo, compañero. Y comparto el gusto por Alice Cooper, aunque creo que abusa demasiado del estuche de maquillajes de la señorita Pepis.

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  7. La verdad es que me he reido bien satisfecho.
    Ni que fueras géminis con la ironia y mordacidad caustica para decir la verdad de forma irrefutable.
    De verdad de la buena que eres muy bueno, aunque solo te leyera yo.
    Lo eres y además corrosivo pero con exquisita elegancia.
    Un abrazo

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    1. Alegría siempre de verle por aquí, amigo.
      El humor -porque de un artículo de humor se trata- debe tener por norte hacer reflexionar, además de hacer reír. Soy consciente de que puedo generalizar en muchos temas, pero eso es lo que hace al humor corrosivo. ¿En qué sentido...? Pues en el sentido de que haga las mismas funciones que un chicle: disfrutas, lo mascas, haces pompas y a las dos horas lo tiras porque ya le has perdido el sabor.
      El humor, creo yo que bien llevado, después de hacer reír no hiere. No insulta. No desprestigia. No mata... Pero hace responder.
      Y esa es su esencia.
      La esencia del humor es darnos complicidad.
      Reitero, una vez más y espero que sean aún más veces, el placer que me proporciona verlo por entre las líneas que escribo, leer sus comentarios y saber que una pantalla con mil cables y mil efectos eléctricos, pueden hacernos compartir tantas cosas.
      Un abrazo.

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