martes, 22 de mayo de 2012

-- Reflexiones: me río y no lo entiendo.

-- No lo entiendo. ¿Por qué, en pleno siglo XXI, en la gran era de las tecnologías y el gran auge de los medios de comunicación, el tío de la bombona sigue aporreando bombonas unas contra otras para llamar nuestra atención? ¿No contamos aún con alternativas más acordes a los tiempos que corren? ¿Debe nuestro bombonero habitual avisarnos de su presencia con un "bong-bong-bolonggg",  que nos retrotrae a las selvas amazónicas de los documentales de la 2? ¿Vive nuestro bombonero en un mundo paralelo al nuestro? ¿Es nuestro bombonero idiota acaso? Por tal regla de tres, ¿por qué no vender las bombonas haciendo señales de humo? ¿Hay que ser percusionista para ser bombonero?
--  Me río. ¿Por qué, de un año acá, tenemos la desfachatez y la valentía de señalar con el dedo y mirar con desprecio a un fumador que ose aproximarse a menos de medio metro de dónde estamos? ¿Por qué no mirábamos con la misma valentía y con semejante saña a quienes fumaban porros en los portales y los parques de nuestros barrios? ¿Ganamos derechos a costa de ser valientes con quien nunca nos replicará? Siguen fumando porros por doquier y seguimos fumando los que de toda la vida fumamos. ¿Por qué a mí me recriminas y al tontolporro de tu portal no?
-- No lo entiendo. ¿Por qué a las mujeres y  a los panolis con gafas nos pitan con insultante insistencia cuando el semáforo se poner de color verde, y no se pita con idéntica tenacidad al conductor rapado con trece tatuajes en el brazo que asoma por la ventanilla?
-- Me río. ¿Por qué a Su Alteza Real Don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, cada vez que viaja o cada vez que esquía o cada vez que va a la compra, pongo por caso...? Prosigo. ¿Por qué a Su Alteza Real don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, cada vez o cada día que se rompe un hueso, le proporcionan una muleta que lleva claxon incluido? Mi tía Paca, que en paz descanse, tenía más costillas y huesos rotos que la cabra esa que tiran desde una torre en un pueblo de no me acuerdo dónde, pero la muleta que le dió la Seguridad Social no tenía bocina como la del Rey, era del tipo "MAPAM", Me Abro Paso A Muletazos. ¿La Monarquía, con un Rey que tanto se cae, está contemplada en el copago?
--  No lo entiendo. ¿Por qué los niños del Tercer Mundo andan esqueléticos de alimentarse con la basura de las comidas y los nuestros, según dicen, andan obesos como cachalotes de alimentarse con comida basura? Al final, ¿dónde está la comida? Y voy más lejos, ¿quién se la está comiendo?
-- Me río. Me río de los tatuajes y disculpadme. El que luzco en mi hombro derecho, es un lince que me hice a los 20 años, en la mili, cuando los tatuajes tenías que esconderlos si no querías que tu madre te partiera la cara en dos trozos iguales. Llegó, al tiempo, el boom de los tatuajes. Se tatuó todo dios, desde tu vecina hasta tu suegra, a la que sorprendes una mañana con un Hobbi o un Elfos  del Tolkien grabado en la espalda. Me río hoy de ese tatuaje original y novedoso que hace años te hiciste con la intención de lucir, y que hoy por las tardes estivales o por la orilla de la playa no sabes cómo esconder. Tus carnes se volvieron fofas, tu piel arrugada. Tus carnes se dejaron amasar por los años y tu tatuaje, tanto tiempo lucido en fiestas y bacanales, es hoy un escupitajo de tinta dentro de un pellejo de morcilla. Tu flor del pecho, es hoy una alcachofa patética digna de estudio. Tu gnomo en las ingles, un gnomo de vuelta y vuelta. Tu delfín justito debajo del ombligo, es ya una anchoa que se retuerce antes de morir. Como buscaba conchas por las orillas, hoy busco tatuajes marchitos por la orilla de la playa. Mi lince en mi hombro, todavía muerde. No es lo mismo: yo era consciente de que tarde o temprano debería de morir... por eso lo clavé encima de un hueso. Me sobrevivirá.
-- No lo entiendo. Si antiguamente venía el Coco por las noches o el Hombre del Saco a deshoras, ¿por qué hoy quien viene es el Colesterol? Ni tiene nombre de monstruo ni nada, ¿Por qué me venden el chope, el queso y el salchichón envasados al vacío, que hace falta meter un cohete rociero dentro para separar dos lonchas? ¿Quieren de verdad darme a entender que soy un gilipollas que no sabe lo que come, que me hincharé como una lasaña napolitana y que me estallará el corazón como un airbag cuando menos me lo espere? Mi abuelo con ochenta años, si andara vivo y le preguntaran, diría que no la conoce, pero que la Colesterol debe estar la mar de güena y que debe ser la hija de Ester, la del cole: cole ester ol. Mi abuelo, de toda la vida, se desayunaba con una jarra de tinto y un bocadillo de chorizo de la talla 56. Ni supo de colesterol ni supo de leches. Se murió cuando le salió de los huevos.
-- Me río. ¿Por qué proliferan, crecen y se reproducen series televisivas de temática policial que siempre pretenden mostrarnos que con un simple trozo de esternón perdido en una cuneta podemos empezar a dilucidar en qué ciudad estaba empadronada la víctima, los años que tenía el asesino o si su santa madre tuvo o no tuvo un aparato en los dientes cuando era pequeña? Siempre son una pareja de policías la mar de atractivos. ¿Por qué cuando denuncié el robo de mi radio del coche aparecieron por mi casa una nigeriana de dos metros de altura más fea que una junta de culata, acompañada de un sargento que en nada se asemejaba al Mentalista?
-- No lo entiendo. Solo hombres. ¿Por qué, en días laborables,  las más lindas erecciones las tenemos a las cinco de la mañana, cuando despertamos para ir al trabajo y la mujer duerme al lado sin percatarse de tamaño prodigio? ¿Por qué en días de asueto volvemos a despertar con tan grata erección pero ya la mujer se ha despertado antes y se ha ido a comprar el pan? ¿Por qué no se coincide? ¿Qué pinta aquí el colesterol ni la muleta con pito del Rey?
-- Me río por no llorar. ¿Por qué en los testamentos, cacho de cabrón, andas conforme con la herencia que te dejan y vas después y quemas a quien te dijo en vida que lo enterraras, o entierras a quien en vida te advirtió que lo quemaras? ¿Por qué lloras, cabrón? ¿Qué testamentos respetas? (Apéndice muy, muy personal)
-- No lo entiendo. ¿Por qué si no sé poner en marcha una lavadora soy un cavernícola sin corazón ni empatía y tú, mujer,  con quince años de carnet, me llamas a mí o a los bomberos cuando pinchas y no sabes cambiarle una rueda al coche todavía? ¡Yo soy un gilipollas delante de una lavadora y tú eres una princesa esperando el príncipe que te cambie la rueda!
-- Me río. Con lo bueno que está un tío con su pelo de pincho y su tableta de chocolate, ¿por qué sigue una palabra valiendo más que mil imágenes?

5 comentarios:

  1. Altas y profundas reflexiones Alonsillo. Pones el listón alto.
    No me extraña que tengamos un poco de reparo a no estar en buena altura en nuestros comentarios.
    Te insto a seguir con tus reflexiones y vivencias.
    Por cierto , ! vaya palito a la burra!.
    Aquel que hace mérito es recompensado.A veces no es divertido el premio.
    ! Se siente!

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  2. ¿AQUÍ DONDE ESTÁ EL BOTÓN DE "ME GUSTA"?

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  3. Te he hecho caso, Antonio, y además del clic de ME GUSTA he añadido el de NO ME GUSTA, que sobre gustos no hay nada escrito... aún. Porque debe ser un tema interesante escribir un día sobre gustos, tomo nota.

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  4. Bueno, Joaquín, el palo a la burra estaba justificado y hasta documentado. Lástima que la burra no lea esto y lástima que si llegara a leerlo no se diera por aludida.

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